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Sevilla es una ciudad que se vive. Desde el momento en el que pisas sus calles empedradas, el aire huele a azahar, se escuchan guitarras flamencas y la luz del sol resalta sus colores.


La mejor manera de empezar a recorrer Sevilla es desde la Catedral y su imponente Giralda, que aparece como un testigo del pasado árabe y cristiano de la ciudad. Subir por la rampa sus 104 metros de altura puede ser un desafío, pero la vista lo vale: un mar de tejados rojizos, el río Guadalquivir y, a lo lejos, la silueta del Real Alcázar, otro de los tesoros de la ciudad.

Entrar al Alcázar es sumergirse en un mundo de azulejos, arcos y jardines que parecen sacados de un cuento. Cada sala cuenta una historia y cada patio esconde secretos de reyes y conquistadores. Lo mejor es caminar sin apuro, dejarse envolver por la arquitectura mudéjar y disfrutar del paisaje, del agua en las fuentes y de los rayos de sol, que dibujan sombras en las paredes.


A la salida del Alcázar, el barrio Santa Cruz te recibe con sus callecitas angostas. Este barrio es el alma de la Sevilla antigua, con plazas escondidas y patios llenos de naranjos. Es ideal parar en algún barcito y pedir una caña, con una tapa de tortilla o de espinacas con garbanzos, que es una de las especialidades andaluzas.


Cuándo cae la tarde, el flamenco se apodera de la ciudad. Del otro lado del río, Triana, es la cuna de este arte, donde los tablaos vibran al compás de las palmas y los taconeos.


Es imperdible un paseo por la Plaza de España, con construcción semicircular, canales y bancos de cerámica que representan a cada provincia de España. Al lado, el Parque de María Luisa ofrece sombra y descanso entre palmeras y fuentes.


En el corazón de la ciudad, la modernidad se mezcla con la tradición en el lugar conocido como “Las Setas”, una estructura de madera que parece flotar sobre la plaza. Desde su mirador, la ciudad se extiende hasta el horizonte, mostrando el equilibrio entre historia y vanguardia.


Los últimos momentos en Sevilla piden una despedida especial. Puede ser con un atardecer en el puente de Triana, en algún bar con ambiente relajado o en una terraza con vistas a la Giralda iluminada. No importa cómo elijas cerrar tu viaje, porque Sevilla siempre deja una huella imborrable. Una ciudad que se siente, que se lleva en el corazón y que, tarde o temprano, te llama de vuelta.

pexels-photo-16627228-16627228-1024x576 Sevilla, un destino imperdible

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Sol Rosa

por Sol Rosa

2 comentario en “Sevilla, un destino imperdible”

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